Mi descanso es la Cruz

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Era el día 5 de septiembre en una ciudad pequeña de Colombia, cerca de la capital, donde calienta el sol en los morichales y la luna roja embellece el cielo de Villavicencio. En este día bañado por el Sol del año 1995, Monseñor Alfonso Cabezas, Obispo de la Diócesis, recibe Ad Experimentum a la Pía Asociación de Predicadoras de Cristo y María, con el firme deseo de ser en la Iglesia una Sociedad de Vida Apostólica que viva en la Iglesia para Predicar a Jesucristo vivo y resucitado.

El Espíritu Santo suscita nuevas formas de Vida Consagrada para enriquecer a la Iglesia, y este carisma, como los rayos del sol, llegó iluminando grandemente esta ciudad y desde aquí muchos lugares. El deseo ferviente de hacer conocer, amar y servir a Jesucristo nos llevó a entregarnos incondicionalmente a una evangelización nueva en sus métodos, en su expresión y en su ardor, todo desde una convicción en la fe y en el fundamento cierto del Magisterio de la Iglesia. Pronto esta revolución de amor contagió a muchos corazones que empezaron a hablar en la radio, en la televisión, en los eventos masivos y en los grupos, que es necesaria la conversión a Jesucristo, que es necesario amarlo, servirlo fielmente, pensarlo frecuentemente y modelarlo todo a su pensamiento, a su norma, a su Palabra.

¡Dios ha estado grande con nosotras y estamos alegres! Cantamos con el salmista porque nuestra Madre la Iglesia de quien somos y nos sentimos hijas, nos ha acompañado, animado, enseñado y exhortado en este camino soleado y polvoriento de quince años de búsqueda y de seguimiento a Jesucristo, nuestro Dueño. Hoy Jesús, nuestro Señor y Salvador insiste en seguir llamándonos en la Iglesia para hacerle conocer, amar y servir en todas las naciones.

Como Asociación Pública de Fieles, en vías de ser una Sociedad de Vida Apostólica, damos infinitas gracias a Dios por los Pastores que nos ha regalado en estos quince profundos y aventurados años de nuestra historia: Monseñor Oscar Urbina Ortega, Arzobispo de Villavicencio, Monseñor Alfonso Cabezas Aristizabal, Obispo Emérito de Villavicencio, Monseñor Octavio Ruiz Arenas, Arzobispo Emérito de Villavicencio y Monseñor Gregorio Gravito, Obispo emérito de Villavicencio. También agradecemos a Monseñor Nicholas D'Marzio, Obispo de Brooklyn, NY y a la Vicaria de Religiosos de la misma Diócesis, Sister Maryann Lopiccolo. ¡Dios les bendiga porque han sido padres, pastores y amigos!
Madre María Teresa de Jesús.

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